Años más… reflexiones varias.

Convención 2001.

Cuando uno cumple años, desde luego, celebramos, es el momento en que compartimos con todos nuestros seres queridos: familiares, amigos/as, compañeros/as de ruta. No por nada hablamos de un “feliz cumpleaños”. Pero es también un momento oportuno para reflexionar, aunque algunos puedan considerar que este es un ejercicio digno de un aguafiestas, no lo es. Se constituye en una actividad crítica que tiene la capacidad de vivificar aquello que está muerto o agonizante, de convertir las debilidades en fortaleza y a las fortalezas en virtudes inquebrantables. Este ejercicio del intelecto y del espíritu, al cual pretendo invitarles, tiene una característica que no iguala a nada de lo que he escrito anteriormente para esta revista. Es un ejercicio sentido, del alma y del corazón. No significa que los anteriores artículos no emanaran de las mismas “certezas”. No. Lo que sucede, es que es la primera vez que escribo para esta revista con la sensación de “venir de vuelta”.

Quien cumple años no es una persona, es, nada más y nada menos, nuestro amado Departamento Juvenil. A pesar de llevar muchos años en la Iglesia, mi pleno ingreso al Departamento Juvenil fue tardío. Fue el año 2000, cuando veía que este medio, la Revista El Despertar Juvenil, estaba decayendo. Fue entonces, que conversé con mi amigo Cristian Estrada y le dije que tenía la intención de trabajar activamente por la Revista. Junto a él y a Pedro Rojas, cuya casa se transformó en una base de reuniones y trabajos, más Ariel, que se sumó a este esfuerzo, resucitamos esta publicación. Ese mismo año, nuestra querida y siempre recordada Pastora Zulema, me nombró Delegado de la Iglesia de Puente Alto. Y de ahí, no cesé mis actividades hasta este año. He sido honrado, por Dios y por ustedes, para ser Vicepresidente en dos períodos, Presidente, en un furtivo período, Director Internacional en uno, y en la última Convención fui elegido Revisor de Cuentas. Fui un tiempo Secretario subrogante y con Ariel y Jetzabel reconstruimos parte importante de la memoria de este Departamento. Durante estos ocho años participé de casi la totalidad de las reuniones de Directorio, Delegados y Representantes, de Misiones y Eventos de nuestra agrupación y tuve la oportunidad de presentar como proyecto y trabajar en ellos, a la Escuela Bíblica Juvenil y al Preuniversitario Redención, siendo estos sueños cumplidos, y oportunidades que la Providencia permitió para ofrendar mi vida, junto a la de amigos y amigas, retribuyendo, mínimamente, está claro, lo que Dios nos había entregado, y sigue entregando. El Departamento Juvenil se transformó en mi casa, literal y simbólicamente hablando. Fue lo que me ligó a la Iglesia Pentecostal Naciente. Porque cuando hablo del Departamento Juvenil no hablo de una institución religiosa, estoy hablando de ustedes, la juventud de la Iglesia, y estoy hablando de mi vida. Muchas veces lo he dicho, y espero que no sea ya un cliché, es en el Departamento Juvenil, en términos específicos, que viví los momentos más felices y los más tristes de mi vida, mancomunadamente. Aquí reímos, tuvimos grandes satisfacciones y triunfos, pero también tuvimos derrotas y lágrimas, muchas de ellas en el silencio y soledad de la habitación. Momentos en los que fuimos motejados de “sinvergüenzas” o “peligrosos” simplemente por tratar de hacer lo correcto. Porque nunca trabajamos por intereses propios. Siempre tuvimos un sentido de comunidad, de familia, en nuestros sueños y aspiraciones. Pero agradezco a Dios porque siempre estuvo con nosotros, no permitiendo que las palabras duras rompieran nuestros huesos y anhelos. Hablo añorando. Sigo siendo feliz, porque Cristo vive en mi corazón y hoy porque me permite, y disculpen que tome la licencia de traer a colación a cierto trovador, amar a “una mujer clara que amo y me ama”. Es por esto que pido la palabra para hablarles del pasado, del presente y del futuro.

El Departamento Juvenil fue creado en 1990, luego de algunos intentos frustrados, y su intención fundadora, en la mente y corazón de nuestro Obispo Moisés Peralta y algunos jóvenes señeros, fue unir a la juventud de la Misión en una sola organización y que ésta colaborara a los Pastores en el trabajo evangelizador. Dichas motivaciones fueron cumplidas, en todos estos años con creces. Hemos ocupado nuestras fuerzas y voces en estos propósitos. Pero a éstos, le hemos sumado otros. Fundamentalmente, la formación cristiana. Por nuestras filas han pasado generaciones de hombres y mujeres tremendamente poderosos en el Señor, que hasta el día trabajan para el crecimiento sostenido de la Obra del Señor. De nuestras filas emergieron los Pastores de la Iglesia de Talca, y creo, firmemente, que hay otros que ya han sentido el llamado en sus corazones. En el transcurso de esto, ha sido re-creada nuestra mentalidad, dejando de ser derrotados que aspiramos a migajas que caen de la mesa, y transformándonos en creyentes activos, que creemos no ser la iglesia del futuro, sino que el presente con y por Jesucristo. En estos años hemos logrado la unidad de verdad. Por años, al interior de nuestro Departamento estuvimos fraccionados por nuestras Iglesias, y desde un tiempo a esta parte somos una sola obra, que entiende que somos un cuerpo que está solícito “en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Cuando entendimos que dichos propósitos se hallaban cumplidos, y que estábamos marcando el paso y que, además, habíamos experimentado un tremendo recambio generacional, trabajamos para convertir este Departamento en un “taller” donde todos pudiésemos aprender a través del intercambio de conocimientos y experiencias. Fue ahí, cuando re-emergen en la escena las “actividades extraprogramáticas”: el Coro Juvenil, el Taller de Creatividad Cristiana (nombre improvisado que surgió en una reunión de Directorio), la Escuela Bíblica, el Preuniversitario, y desde hace poco un grupo que trabaja en la publicidad (“Unidas por Cristo”). Paralelamente, no hemos dejado de hacer nuestras misiones y eventos a lo largo y ancho de nuestro país, en los lugares donde nuestra Misión tiene presencia eclesial.

Pero no lo hemos logrado todo. En mi conciencia albergo la enorme tristeza de no haber hecho todo lo que debía hacer. Tristeza que poco a poco he ido cambiando por la certeza de que otros y otras lograrán trabajar por los sueños inconclusos y que, desde luego, tendrá la fuerza y la capacidad de crear más sueños y trabajos concretos. Brevemente, quisiera señalarles en que estamos en deuda. Primero que todo, en que nuestra agrupación sigue centralizada en las Iglesias de la Región Metropolitana, a pesar de tener presencia activa en varias Iglesias de las otras regiones del país. Dichos jóvenes y señoritas no sólo deben tener participación, sino que sus opiniones, aspiraciones y sueños deben tener representación en las posiciones dirigentes del Departamento Juvenil. Es cierto, que eso no sólo requiere del esfuerzo del Departamento sino también de la disposición de nuestros Pastores a no ser sólo espectadores de esta obra. Ellos, como quienes tienen la labor de alimentar y proteger a la grey de Dios, deben acercarse a nosotros. Deben entendernos no sólo como quienes disciplinadamente tenemos que obedientemente seguirles, sino como hermanos en el Señor. Como creyentes redimidos por el mismo Cristo. Como creyentes que entendemos que la Iglesia es una comunidad de fe, y que todos colaboramos en su crecimiento y edificación, para ocupar los términos paulinos. Eso no exime de responsabilidades a nuestra agrupación, puesto que tenemos que seguir trabajando en el fortalecimiento de los lazos. Hay que abrirse camino al andar. Debemos sacar pronto nuestros reglamentos internos, fundamentalmente, aquello que tiene como propósito eliminar las discriminaciones. ¿Cómo puede quitársele a un joven o señorita porque comete un error la posibilidad de participar en los medios de gracia? Específicamente, esta discriminación se hace más latente en la mujer, quien “fácilmente” puede ser reconocida como “madre-soltera”, llevando a que está actitud de la Iglesia tenga implicancias de género. Con esto no pretenderíamos quitarle la autoridad a la Iglesia de autorregularse, sino más bien, recordarle a la Iglesia que la disciplina cristiana, más que castigo, es esencialmente educación y restauración. Basta ver con la gracia que Cristo actuó luego de la negación de Pedro. Otra cosa que está pendiente en dicho proyecto reglamentario y que se hace tremendamente importante, es la participación como colaboradores de ex integrantes que hoy se encuentran casados, librándoles a estos del mal uso y del desuso de sus capacidades y talentos, propiciando a su vez, que ellos y ellas sigan activando sus talentos y virtudes. Uno no puede olvidar el pasado. Pero debemos ser operativos, sacando las lecciones necesarias del pasado, trabajando para que no se vuelvan a cometer los mismos errores, y empoderando lo que antes fue debilidad. Yo conozco a muchos jóvenes y señoritas, hoy pasados forzosamente por la Iglesia al rango de adultos, que podrían seguir aportando al Departamento Juvenil, ya no desde cargos, pero sí con sus experiencias. Los sueños de ellos y ellas no pueden quedar truncos. Así nos libramos de las debilidades de los consecuentes cambios generacionales, que se ha transformado en un problema histórico de “larga duración”, y libramos de que la “ociosidad-eclesial” nos extravíe del camino. En el plano de las actividades se debe proseguir en lo bueno y necesitamos de un proceso que nos permita vislumbrar nuestras fortalezas y debilidades y que nos permita orientar nuestro futuro. Fundamentalmente, tenemos que mirar al mundo con sus necesidades y trabajar por la redención integral de la humanidad, llevando a la realidad la “oracción” de la que hablara hace algún tiempo el sociólogo cristiano Humberto Lagos. Todo esto sin dejar lo que se ha venido haciendo: Evangelizar, Enseñar, y Dar de gracia de lo que hemos recibido del Altísimo.

Si hay algo que aprendí en el Departamento Juvenil fue a ser fiel. Fiel a Dios, a la Juventud y a mis Amigos/as. Eso se debe mantener y fortalecer día tras día. Esto a propósito de que la Iglesia lleva varios meses estudiando el libro de Hechos de los Apóstoles. En mi opinión, lo fundamental que debiésemos aprender y practicar de la primera Iglesia es su modo de relacionarse con la fe y con los demás creyentes. La primera Iglesia no tenía templos ni una jerarquía clara. Tampoco tenía una liturgia definida ni ritos. Los primeros hermanos se reunían en las casas, y mientras partían el pan (lo que les hacía com-pañeros, en el sentido literal de la expresión –“con quien uno comparte el pan”), leían las cartas de los apóstoles y recordaban al Cristo que encarnándose vivió junto a ellos. Tal vez, no podamos tener todas las cosas en común como los primeros cristianos, pero tenemos que solidificar nuestros lazos de unidad, solidaridad y fraternidad, viéndonos como una verdadera familia. Como lo que somos: hijos de un mismo Padre. Sólo así podremos crecer cuantitativa y cualitativamente como queremos. Una última palabra. Nunca he creído en las casualidades. Ayer, antes de escribir estas líneas, tuve el privilegio de participar de una reflexión junto al teólogo brasileño Leonardo Boff. Él en su conferencia señaló que: “el corazón es el nicho fundamental del mundo de las excelencias”. Y es así. Este Departamento crecerá porque cuenta con la ayuda de Dios, y porque un grupo de corazones colabora por una misma causa, por unos mismos sueños, por unos mismos trabajos. Así he hablado desde mi corazón, como un creyente en Jesús. Desde mi corazón les deseo un feliz aniversario. Pero con mi mismo corazón les pido que no decaigan, que sigan trabajando, actuando, soñando y escalando nuevas alturas.

Luis Rodrigo Pino Moyano.

(Texto escrito para la Revista “El Despertar Juvenil”, a propósito del 18º Aniversario del Departamento Juvenil -Septiembre de 2008).

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