Despedida de la Iglesia Pentecostal Naciente.

Despedida Iglesia Pentecostal Naciente.

El día domingo 27 de diciembre de 2009, fue un día muy especial para mí. Puse fin a quince años de trayectoria en la Iglesia Pentecostal Naciente. La Iglesia que me vio crecer, en la que viví el amor, luché, soñé, reí, lloré. La Iglesia en la que aprendí muchas cosas. En la que experimenté la espiritualidad. La Iglesia a la cual debo gran parte de lo que soy. Me costó mucho tomar esta decisión. Pero había que tomarla. Es mí deseo que los que quedan, y también mi esposa y yo, podamos experimentar un nuevo tiempo, con nuevos sueños y luchas, con nuevas alegrías y bendiciones.

Ése día me correspondió dar el Resumen de la Escuela Dominical. Dicho resumen lo titulé: “Corinto: un modelo de Iglesia”. Presenté una introducción a la carta, tomando en cuenta su autor, el contexto, el propósito de ella, sus temas. Hablé de Corinto como un modelo de Iglesia porque nos presenta a una, con sus virtudes y defectos. Las problemáticas de dicho grupo eclesial tienen soluciones presentadas por el Apóstol Pablo, las cuales tienen una vigencia tremenda.

Cuando el Apóstol habla de que los hermanos corintios habían sido “enriquecidos en él,  en toda palabra y en toda ciencia”, hice una ilustración, que también fue un acto simbólico. Cuando me tocó predicar por primera vez en la Iglesia de Puente Alto, a la edad de 15 años, cuando iba saliendo de la casa rumbo a ella, mi mamá me dijo que había puesto un papel en el bolsillo de mi vestón, que lo leyera cuando fuera caminando. Así lo hice. Dos cuadras después de mi casa, saqué el papel del bolsillo. Esas palabras quedaron grabadas a fuego en mí, transformándose en una declaración de principios espiritual, cada vez que subía al púlpito a predicar la Palabra que vive y permanece para siempre. La mañana del domingo 27, doce años después de ése acontecimiento, volví a sacar el papel del bolsillo de mi vestón para compartirlo a la congregación. Mi mamá escribió: “Rodrigo: Predica lo que el Señor te dé. Si es poquito, gloria a Dios, si es harto, gloria a Dios. No es la cantidad sino la calidad. Y si es de Dios es bueno y deja bendición. Qué el Señor te bendiga y tú puedas ser un buen obrero al servicio de tu buen Patrón, Dios. Te quiere, Mamá”.

Al finalizar la Escuela Dominical, y antes de pedir la bendición final, “con mucho temor y temblor”, presenté a la congregación mi despedida, en la que agradezco a Dios y a distintos hermanos y hermanas, a agrupaciones de la Iglesia, por todo lo que significaron para mí. Les dí las razones de la decisión. Y concluí, con el mismo agradecimiento, deseándoles bendiciones. Esto, porque esté donde esté, seguiré llevando en mí la esencia de un Pentecostal Naciente.

A quienes quieran leer esta despedida, pueden descargarla en formato PDF pinchando aquí.

Espero, que Dios siga bendiciendo a la Iglesia que me vio crecer, a mis amigos y amigas que quedan allí dando “la buena batalla de la fe”, y a mí junto a mi esposa y al bebé que viene en camino en los nuevos rumbos que emprenderemos en su gracia.

Les ama en el Señor,

Luis Pino Moyano.

Publicado en un extinto blog, el 30 de diciembre de 2009.

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