Jesucristo en el Apocalipsis.

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Es probable que hayas leído este libro en otras ocasiones. O, tal vez, nunca lo hiciste pensando que era demasiado complicado y enigmático, o por el miedo que como un manto ha recaído sobre él por años (¡Hollywood nuevamente es responsable!). Sea cual sea tu caso, la Iglesia Puente de Vida quiere invitarte a leer o a releer el Apocalipsis. La invitación tiene varias razones. La primera de ellas, es que Apocalipsis es uno de los sesenta y seis libros que componen la Biblia, única y suficiente regla de fe y de conducta de los/as creyentes. Y, por otro lado, porque queremos darte una buena noticia. Efectivamente, el libro contiene partes que son difíciles de entender, pero su nudo central, que puede ser entendido con claridad, a diferencia de lo que piensan muchas personas, traerá consuelo y felicidad a tu vida.

¿El libro de Apocalipsis me traerá consuelo y felicidad? Así es. Este libro fue escrito por el Apóstol Juan para un grupo de creyentes, ubicados en el Asia Menor, aproximadamente el año 95 d.C. El autor estaba deportado en una Isla llamada Patmos, e inspirado por el Espíritu escribe una carta a siete iglesias del lugar, quienes estaban sufriendo la persecución imperial, producto de las pretensiones divinas del Emperador Domiciano. Ante toda persecución, nace la pregunta por la teodicea: ¿qué hará Dios en la historia de su iglesia? Entonces el propósito del libro es animar y consolar a siete iglesias que están sufriendo la persecución. Por ello, la iglesia universal, en todo tiempo histórico, puede leer sus páginas y encontrarse con paz, alegría y esperanza para la vida. De hecho, el libro en dos ocasiones señala que es “dichoso” quien lee y cumple las palabras que aparecen registradas en él (1:3; 22:7).

¿Pero cuál es el motivo del consuelo y de la felicidad? El motivo no está en la resolución de enigmas, como si se tratara de un rompecabezas. Tampoco está en el conocimiento de oráculos de corte futurista, que se condicen con sueños y pseudo-revelaciones del mismo. Inclusive, si esperas que el consuelo y felicidad se encuentre en una novedad, puede que salgas tremendamente frustrado, porque están presentes en una “vieja” buena noticia. El consuelo y felicidad que tu vida, tu familia, tu comunidad eclesial y tu ciudad necesitan, se encuentran presentes en Cristo. Cristo es el cordero inmolado por nuestro bien (5:6,12). Es el rey que está sentado en el trono y es alabado por toda la corte celestial (7:17; 5:11-14). Es el León de la tribu de Judá, el rey prometido en las Escrituras (5:5). Es el que está montado sobre un caballo blanco como un general victorioso en la batalla (6:2; 19:11-16). Es el que tiene el poder para hacer todas las cosas nuevas (21:5). Cristo, el eterno Dios-Hombre, es nuestro consuelo y felicidad. A esto se refiere John Stott cuando dice que

por encima de todo, el libro revela la grandeza y gloria de Jesucristo. Esto es lo que, más que ninguna otra cosa, necesita una iglesia perseguida y atribulada; no una serie de profecías sobre el pasado o el futuro, ni siquiera un panorama en clave de la historia de la iglesia, sino una revelación del Cristo incomparable que fue crucificado y ahora, resucitado y reinante, está preparándose para regresar con poder y gran gloria (Stott, 2009:223,224).

Esa es nuestra invitación. A que con tu corazón sediento encuentres la saciedad en “la revelación de Jesucristo” (1:1).

En Cristo,

Luis Pino Moyano.

 

ALGUNAS SUGERENCIAS.

1. En primer lugar debemos recordar la naturaleza múltiple del libro de Apocalipsis. Se trata de una Epístola, para lo cual debemos fijarnos muy bien en la ocasión que genera la carta y el propósito que tuvo el apóstol Juan en escribirla. También es Literatura Apocalíptica. La apocalíptica es un género literario que estuvo de moda en Medio Oriente durante los siglos II a.C. al II d.C. Se caracteriza por el uso de lenguaje simbólico y, a veces, oculto, puesto que, regularmente, es escrita en períodos de persecución. En el caso de la apocalíptica presente en los libros canónicos nos encontramos con la explicación de que todo lo que ocurre proviene de la mano de Dios, por lo tanto su victoria es segura. Esto marca una diferencia con otros textos apocalípticos que se caracterizan por el pesimismo. Y, el libro es también Profecía, por ende tiene un alto contenido exhortativo (pasado y presente) y presenta elementos de corte escatológico. Aquí cabe señalar dos principios. La profecía no sólo tiene la finalidad de “predecir”, sino de edificar, animar y consolar (1ª Corintios 14:3). Y, por último, que la escatología dice relación con el tiempo histórico que tiene como hito fundante la venida de Cristo a la tierra para reconciliar al mundo con su muerte en la cruz (Hebreos 1:1,2; véase también 2ª Corintios 5:19). Por lo tanto, desde ese momento, se están viviendo “los postreros tiempos”. De todo ese período, que tiene como clímax la segunda venida de Cristo, habla Apocalipsis.

2. Para la interpretación de los símbolos se hace muy necesario el análisis que incluya variables históricas, culturales y léxicas, teniendo presente, si es posible, las imágenes que aparecen en el Antiguo Testamento y los símbolos ocupados en la literatura apocalíptica contemporánea a Juan. Por otro lado jamás los símbolos deben ser forzados. Gracias a Dios, muchos de los significados de ellos aparecen en el mismo libro (lo que también se explica por el contexto de persecución: todo debía estar “empacado” en un solo texto). Y, por otro lado, siempre la interpretación del símbolo debe estar ligada con el propósito del autor, por lo que como principio clave cabe señalar que lo simbolizado siempre tiene un significado simple y no múltiple.

3. Jamás debe apartarse la idea central que es la celebración de la victoria de Cristo. Dirá Swette, citado por Stott, “‘todo el libro es un Sursum Corda’, una convocatoria a elevar sus corazones’ y a ver sus tribulaciones en relación con un Cristo victorioso que reina y que va a regresar” (Stott, 2009:223).

4. El libro de Apocalipsis debe ser leído como un todo y dejando que sea el mismo texto el que hable. Ahora bien, de manera paralela, y para enriquecer la lectura, se recomienda la lectura de los siguientes libros:

  • John Stott. Cristo, el incomparable. Barcelona, Publicaciones Andamio, 2009. Fundamentalmente la Parte IV: “El Jesús eterno (o el modo en que nos desafía hoy)”, que es la base de este estudio.
  • William Hendriksen. Más que vencedores. Grand Rapids, Libros Desafío, 2005.
  • Simon Kistemaker. Comentario al Nuevo Testamento. Exposición del Apocalipsis. Grand Rapids, Libros Desafío, 2005.

 

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