Calvinista Kelleriano.

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Hace unos días atrás, en mi muro de Facebook, agregué el siguiente estado: “Para muchos es una ‘moda’. Pero hoy, con criterio histórico y responsabilidad teológica, me declaro “Calvinista Kelleriano”.

Haciendo un poco de ciencia ficción, imagino que a Timothy Keller no le gustará que alguien se defina como “kelleriano”, como a gran parte de los pensadores que han abierto caminos en los siglos anteriores. Pero con esta definición lo que se quiere, en primera instancia, es sacar la lectura del pastor presbiteriano del estado actual de “una moda más” en la literatura cristiana, y que en tanto moda, tiene adherentes que tarde o temprano, producto de nuevas modas, dejarán de citar, leer, estudiar, para estar a la orden del día. Y precisamente ahí entra la idea del criterio histórico.

Como lector preocupado por pasados-presentes, puedo notar en las letras de Keller elementos que pueden perdurar más allá de la moda. Efectivamente, habla para el presente y para su sitz im leben, pero sus palabras tienen el vigor de “los clásicos”, de quienes hablan también para el devenir histórico. ¿Cuál es el elemento clave de la previsión de la durabilidad? Creo que el elemento clave está en que Keller, a diferencia de otros no nos quiere vender un modelo armado, algo así como “- ¿está usted plantando iglesias”, siga los siguientes pasos?”, a lo que nosotros responderíamos con el “calco y la copia”, y cuando no nos resulta diríamos cosas tales como “si la realidad no se condice con la teoría, la teoría se equivoca”. No, Keller no tiene ese afán en sus palabras. Keller presenta principios, marcas bíblicas, que pueden aplicarse según las realidades presentes de cada quien. Usando el caro concepto foucaultiano, con sus libros nos deja frente a una “caja de herramientas”.

Y esta declaración también es realizada con responsabilidad teológica. Digo esto porque en primera instancia no me declaro meramente “kelleriano”, sino en primera instancia calvinista. Esto trae inmediatamente otra declaración implícita. No leo a Keller como un mero representante de lo que se ha dado en llamar “neocalvinismo”[1], sino a alguien que hace una lectura teniendo muy en cuenta la “larga duración”. Keller es calvinista y presbiteriano, y se mueve ahí, no renunciando a los factores institucionales. Y el “movimiento” del que habla, introduce el vigor que dan las preguntas y respuestas para la hora actual. Keller entiende, y nos permite entender, que el calvinismo es más que una colección de puntos, sino que una mirada omnicomprensiva de la realidad. Eso puede notarse en la variedad temática de sus producciones, que nos hablan sobre idolatría, la configuración de la subjetividad, el diálogo con no-creyentes en un contexto de escepticismo, de justicia social, de matrimonio y familia y más… y todo eso teniendo como hilo conductor el evangelio de Jesús.

En la lectura de Keller se vislumbra erudición, puesto que refiere constantemente a la lectura y manejo de autores provenientes de la filosofía, las humanidades y las ciencias sociales, introduciéndose en temas de suyo complejos como la cultura y la configuración urbana. Se releva también una rigurosidad teológica y escritural, de la cual están empapados sus textos, que cada vez nos invitan a volver a la Palabra de Dios, y con ello a poner nuestra mirada en Dios. Y quizá, a mi gusto, lo que lo hace paradigmático, es que introduce en sus textos su veta de predicador. Keller no sólo está discurriendo sobre temas interesantes, está exhortándonos con sus palabras, motivándonos a pensar y actuar. Eso facilita y dificulta la lectura. La facilita, porque leer sus libros es un acto similar a escuchar a alguien que nos tiene presente en su auditorio y está, por ende, preocupado de lo que pensamos cuando leemos. Y la dificulta, muy entre comillas, porque hace que sus libros no sean de una lectura rápida. Uno devora sus libros, precisamente porque nos detienen una y mil veces a pensar en cada frase u oración significativa para nuestra cotidianeidad como trabajadores del Reino de Dios.

 Por todo eso: calvinista kelleriano.

Luis Pino Moyano.

[1] Sobre este punto es pertinente leer el capítulo 15 “La crisis cultural de la iglesia” en: Timothy Keller. Iglesia centrada. Miami, Editorial Vida, 2012, pp. 192-204.

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