El retorno del miedo.

la-segunda-9-sept

Portada del diario La Segunda, 9 de septiembre de 2014.

Publicada en El Mostrador con el título “El regreso del Terror”.

El día lunes 8 de septiembre fuimos testigos de un hecho espantoso. Una bomba colocada en un centro comercial, en el basurero de un local de una cadena de comida rápida, a plena luz del día, explosiona dejando una decena de heridos, entre los cuales se encontraba una mujer trabajadora que perdió parte de uno de sus dedos. Sin dudas se trata de un acto violento que debemos repudiar sin ningún ápice de conmiseración. No podemos permitir que estos actos agreguen más incertidumbres a las que ya viven cientos de miles de habitantes de este país en sus vidas cotidianas. ¿Qué esperamos entonces? Repudio social a un acto violento de este tipo, juicio y condena de los responsables según el debido proceso, políticos que actúen a la altura de la circunstancia y no buscando sacar dividendos mezquinos y medios de comunicación que informen entendiendo la función social educativa que está implícita a su labor.

¿Pero qué hemos visto hasta ahora? Hemos visto a políticos, abogados, académicos y otros, de diversos sectores ideológicos, hablar inmediatamente un acto “terrorista” y que quienes perpetraron este acto son “anarquistas”, miembros de colectivos antisistema, con amplias conexiones internacionales (se habla de ligazones con ácratas españoles). Súmese a ello, la portada del diario La Segunda del martes 8, que con grandilocuente título declara “el retorno del miedo”, con una foto que en su costado tiene un borde con los colores rojo y negro, clara alusión simbólica a corrientes de izquierda (es el mismo diario que en el pasado señaló que miristas se mataban entre sí, bajo el título “exterminados como ratones”, además de su declaración de que los desaparecidos no existían). Tenemos el reportaje de Canal 13 que malintencionadamente relaciona este acto violento con el movimiento estudiantil y, desde luego, al senador Moreira que con su verborragia alude al Partido Comunista y a sus redes con violentistas del ayer. ¿Luego de eso, es legítimo preguntarse, quién es el que siembra el terror?

¿Existen posibilidades concretas de establecer un marco de relación con otros actos violentos tal y como lo ha hecho cierta prensa? A todas luces no. Todos los “casos bomba” que tenemos hasta el momento fueron colocados de noche, en lugares que simbolizan algún tipo de poder (político, judicial, policial, religioso, económico) y muy poco transitados, los cuales son reivindicados por alguna organización para que cumplan su función de “propaganda”. Pero el día lunes tenemos una bomba, un extintor cargado con pólvora negra (lo único similar con otros acontecimientos), que fue puesta dentro de un basurero, cerca de las dos de la tarde, en un lugar bastante transitado, y que hasta el momento nadie ha reivindicado. Lo que trae más preguntas: ¿Cómo es que nadie vio, sospechó o disuadió a quienes hacían esto a plena luz del día con gente transitando? ¿Por qué si no hay detenidos in fraganti hay tanta declaración taxativa de que se trata de anarquistas?

Todo esto, por extensión suscita más preguntas: ¿por qué las policías no logran detener a quienes originan los desórdenes en las manifestaciones, queman automóviles y buses del Transantiago, ponen bombas o anuncian que las pusieron sin hacerlo? ¿Acaso no tienen la tecnología ni la capacidad ni los equipos de inteligencia para hacerlo? ¿Puede entenderse que los mecanismos represores de la dictadura tuviesen más éxito en la captura de militantes de izquierda en el pasado sin la posibilidad de control que hoy día tienen los aparatos de control social? Porque estimados lectores: no somos tan inocentes como algunos creen. ¿Acaso los demócratas que crearon “La Oficina” y la “ANI” nos van a venir a hablar de debido proceso y de las debilidades de infiltración? ¿Van a creer que nos vamos a comprar el cuento de que no hay montajes luego del “Caso Bombas”, que no sólo se cayó por la incapacidad de la Fiscalía en el uso de las pruebas, sino precisamente por la carencia de las mismas? ¿Cómo quieren que creamos la idea de que los jueces son garantistas cuando dicho discurso va ligado a la criminalización de los movimientos sociales? ¿Qué hacemos con el principio de presunción de inocencia y con el debido proceso que una ley que emergió en el contexto dictatorial con la finalidad de perseguir a los opositores al régimen obnubila? Son demasiadas dudas y certezas que no podemos dejar de lado.

Son muchas las tareas que tenemos por delante: a) negarnos a llamar “anarquista” a sujetos que todavía no tienen un rostro definido, porque a lo largo de la historia de Chile no han sido los únicos que han hecho explosionar bombas (y de hecho, algunos que hoy día discursean en otros contextos callaban e, inclusive, aplaudían); b) negarnos a llamar “terrorismo” a un acto que no conocemos su finalidad, a la colocación de una bomba y, mucho menos, a una llamada telefónica avisando de una bomba que en la mayoría de los casos ni siquiera existen; c) exigir y cuestionar socialmente como los medios de comunicación tratan las noticias, criticando activamente el sensacionalismo y la expansión del miedo en la población a partir de imágenes, música y palabras (¡por favor! Estudiaron en la universidad no en la DINACOS); d) estudiar de manera profunda los fenómenos de violencia social, haciendo uso de la historia, y analizando no sólo los actos de violencia reactiva, sino los de la violencia estructural; e) cuestionar la repetición de la figura del “enemigo interno”, presente en la “larga duración” del país, los que ayer eran “pipiolos”, liberales rojos, mapuches, comunistas (figurados como “cáncer” y “humanoides venidos de marte” según miembros de la Junta Militar chilena), extremistas, violentistas, hoy son encapuchados y anarquistas; y f) por sobre todas las cosas, no permitir, y luchar si es necesario, para que el utillaje que brindan estos actos sin rostro sirvan para quitarnos derechos sociales, volver a poner sobre la mesa conceptos como la “detención por sospecha”, y repongan actos tan deleznables como la infiltración de organizaciones políticas y sociales, propiciando métodos como detenciones irregulares, testigos encubiertos y la delación.

Debemos resistirnos a la imposición del terror, al “retorno del miedo”, porque eso no nos permite vivir en comunidad ni experimentar la libertad.

Luis Pino Moyano.

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La larga duración que persigue a esta prensa.

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3 pensamientos en “El retorno del miedo.

  1. Me generan dudas (por causa de que las percibo como contradictorias) varias de tus aseveraciones, pero entiendo el punto, la preocupación y la comparto.
    Esperemos que los hechos se esclarezcan y no lancemos mediáticamente acusaciones. De acuerdo con eso. Pero no es acaso lo mismo hacer preguntas cuidadosamente redactad y dirigidas a apuntar que en todo esto hay un montaje. La espada debe estar igual de afilada para ambos lados, creo yo.

    Una pregunta ná que ver: también quiero hacer un (pequeño) post denunciando la falta de seriedad periodística de La Segunda. ¿Puedo usar tu imagen que compila algunos de los más emblemáticos titulares chantas de La Segunda?

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    • Jonathan: de verdad un gusto encontrarte por estos lares. Muchas gracias por darte un tiempo para opinar.

      Hoy día conversaba con unos colegas a propósito del ejercicio periodístico y cómo las preguntas que miden las sensaciones de las personas esbozan desde el comienzo respuestas. No puedo dejar algo que aprendí en metodología de la investigación, y que replico cuando me toca hablar del tema, que toda pregunta de investigación ya tiene implícitas sus respuestas, de hecho eso hace que regularmente no se tenga que desaprobar o dejar de lado las hipótesis iniciales. Debo afirmar que muchas de mis preguntas ya tienen respuestas en mi cabeza, por lo que estoy casi seguro que en este caso estamos en presencia de un montaje, o en su defecto de otros actores políticos (de hecho están circulando imágenes de un revival de “Patria y Libertad” -lo que tal vez también sea un acto performático-). Y créeme, que en el momento en que se compruebe lo contrario seré el primero en autocriticarme, y criticar a quien haya que criticar, ocupando este mismo medio. No hay peor cosa que ser discípulo de uno mismo.

      Respecto a las imágenes, yo las encontré twitteadas y retwitteadas en la red del pajarito azul… Ocúpelas no más.

      Un abrazo.

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