¿Por qué ex pentecostales llegan a una Iglesia Presbiteriana como la nuestra?

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Soy ex pentecostal y llegué a inicios de 2010 a una iglesia que estaba en proceso de plantación. En dicho proceso, a partir de lecturas relacionadas con dicha dinámica misional de la iglesia, corría con fuerza la idea de no recibir gente venida de otras denominaciones, con la finalidad de no introducir vicios y malas prácticas en una iglesia que recién estaba comenzando. Con el paso del tiempo, nos fuimos dando cuenta que a nuestra comunidad llegaban muchos miembros de otras confesiones, sobre todo ex pentecostales. Varios de los elementos que escribo acá los hemos conversado con Vladimir Pacheco, mi amigo y pastor (a quien libero de responsabilidad de lo escrito acá, sobre todo de los desaciertos y omisiones), y surgen de la profunda y larga reflexión que hicimos respecto a esta temática. De una u otra manera, esta es también “mi historia”, por lo cual  me presento acá con profundo respeto por los hermanos de mi antigua congregación, como por otros pentecostales, amigos en algunos casos, que leerán este post, de quienes no hablo. Estoy refiriendo acá a ex pentecostales que llegan a nuestras comunidades, buscando las razones de dicha migración y viendo cómo trabajar con ellos.

A partir de conversaciones y lecturas nos fuimos dando cuenta que estábamos frente a un fenómeno amplio a nivel latinoamericano, del cual, de una u otra manera no podíamos escapar. De hecho, existe literatura especializada que ha abordado esta problemática. La cientista política Evguenia Fediakova plantea que: “Para algunos líderes pentecostales, la crisis del movimiento se manifiesta en la ‘mundanización’ del pentecostalismo y la pérdida de fieles. Según esta visión, la inserción a la sociedad ‘ha contaminado’ al pueblo evangélico con ‘males mundanos’ y ‘corrompido’ los fundamentos morales de creyentes. Muchos jóvenes evangélicos que salen al mundo profesional, abandonan la iglesia al descubrir que la doctrina pentecostal no siempre es capaz de dar respuestas adecuadas a los problemas laborales, interprersonales o existenciales que los esperan en ‘la sociedad’”[1]. Si bien es cierto, el planteamiento que alude, desde un perfil sociológico, que el ascenso en el capital cultural de los “jóvenes pentecostales” ha sido parte del proceso de migración de las iglesias de dichas denominaciones, no necesariamente es la única explicación. De hecho, sin ánimo de negar dicha tesis –por el contrario, es una variable-, no tiene en cuenta factores eclesiológicos que son de suma importancia, y que incluye, no sólo a un sector profesionalizado, sino también, a otras personas de distintas edades y acerbos culturales y sociales.

A partir de nuestra experiencia (que no es normativa, como toda experiencia), me permito enumerar algunas de las razones que complementan la mirada desde las ciencias sociales:

a. La ausencia de confesionalidad del mundo pentecostal, lo que da amplias oportunidades a quienes buscan conocimientos. La ausencia de confesionalidad es otra manera de denominar la ausencia de “comunidad de fe” en una congregación, pues existe la posibilidad de la interpretación particular de las Escrituras. Por otro lado, los procesos migratorios de pentecostales no sólo se dan dentro sectores reformados, sino también a otros espectros teológicos (por ejemplo, a sectores liberales), lo que releva las amplias posibilidades de las nuevas lecturas. El acercamiento al mundo reformado se hace por el encuentro, fundamentalmente, con las doctrinas de la gracia (especialmente, de los cinco puntos del calvinismo), lo que luego deriva en el conocimiento, o descubrimiento, de otros elementos de la teología reformada, que enfatizan en la soberanía de Dios y una cosmovisión centrada en la Escritura, la que no sólo tiene implicancias en lo puramente eclesial, sino en la expresión de fe extra-muros de la iglesia: en el trabajo, en los estudios, en la familia, en la vida misma. El encuentro con la fe reformada trasunta en el encuentro con la Escritura y una visión total, omnicomprensiva, provista por ella.

b. La ausencia de la predicación del Evangelio. El énfasis sinérgico en las obras y en el perfeccionismo (de origen wesleyano, metodista, de donde emerge el pentecostalismo chileno), se traduce en una pesada carga para las personas que luchan toda su vida por “ganar la salvación”. “Andar en novedad de vida” no es resultado de la obra del Espíritu Santo, sino del esfuerzo que merece la gracia. Probablemente, no se enuncie siempre (o nunca) de esa manera, pero ahí está la culpa, vergüenza y lucha que cansa de quienes llegan a nuestra iglesia. Eso se hace patente, por ejemplo, en los exámenes de nuevos miembros, ante la pregunta: “¿qué ha sido lo más significativo de participar en nuestra iglesia?” y la mayoría de las personas, da cuenta de este aspecto, el de la liberación de la culpa y del peso innecesario que implica servir al Señor. El evangelio, transforma la visión y, junto con ello, libera para vivir el amor.

c. La ausencia de prácticas sanas del liderazgo. Otro de los aspectos que en la mayoría de las ocasiones enuncian los nuevos miembros de nuestra iglesia, y que proceden del mundo pentecostal, dice relación con los aspectos referidos al gobierno y administración de su ex comunidad. Abusos de poder de liderazgos tiránicos, uso indebido de recursos económicos, poca posibilidad para servir (escaso discernimiento de los dones de los miembros de las iglesias), ausencia de disciplina bíblica, nepotismo, entre otras. Por eso es que de lo que estamos hablando acá no es del “robo de ovejas”, como suele peyorativamente llamarse a los fenómenos migratorios de iglesias, sino de la sanidad de creyentes dañados en sus prácticas de fe. Es así como el sistema de gobierno presbiteriano, que nos libra de todas las tiranías (la de nosotros mismos y los demás), es de los puntos que más destacan, junto a la transparencia respecto a los recursos, los que vienen a ser elementos que tranquilizan la conciencia y permiten vivir la comunidad sin riesgos ni a la defensiva.

 A partir de dichas realidades eclesiales, ¿cómo trabajar con ex pentecostales?

 Los tres aspectos negativos que he enunciado anteriormente, requieren de un proceso de desintoxicación, tanto en la doctrina y la práctica, que debe darse en la participación de todas las instancias que la vida de la iglesia provee: cultos, estudios bíblicos, cursos de catecúmenos, grupos pequeños, vigilias, encuentros presbiteriales, etcétera. Y es, en dichas circunstancias que hemos notado, que nuestros hermanos no son puros cachos (forma en la que en Chile se refiere a personas que causan problemas), sino una verdadera bendición para la vida de la iglesia. Los ex pentecostales han sido un factor dinamizador de la vida comunitaria, destacándose la solicitud manifestada en un cristianismo militante, que implica la disposición a aprender-obedeciendo la Escritura, y sobre todo al servicio voluntario y diligente, no sólo en los aspectos cúlticos, sino además en la integración, la acogida, los trabajos de aseo y ornato de las dependencias del templo, en el compartir la vida con otros, y más. Sin duda, eso no es un aprendizaje reciente, sino algo que aprendieron y vivieron en sus antiguas congregaciones. Y dicho fervor, por gracia, es contagioso.

 Lo anterior, implica un proceso de resignificación del pasado vivido, en la clave del rescate de lo bueno aprendido y del perdón que restaura el daño o lo malo realizado-y-recibido. Ahí la gracia y la providencia son claves de lectura de la vida. Ellos no perdieron el tiempo en su anterior experiencia de fe, por algo estuvieron ahí, por algo Dios los llamó a la caminata de la fe en dichas iglesias. Por ello, el proceso de inducción al presbiterianismo debe emerger de la lectura de la Palabra y el estudio de la confesionalidad, de tal manera que más que iconoclastas de su pasado, estos hermanos aterricen su fe y la vivan, entendiendo que todo lo que Dios ha hecho es bueno y que, por ende, no pueden ni deben hacer tabula rasa de su pasado. Por ende, estos hermanos deben disponerse a no ser meros consumidores de fe, sino miembros que aprenden y sirven en comunidad en un nuevo proceso de hermandad.

Luis Pino Moyano.


[1] Evguenia Fediakova. Evangélicos, política y sociedad en Chile: Dejando el “refugio de las masas” 1990-2010. Santiago, Centro Evangélico de Estudios Pentecostales e Instituto de Estudios Avanzados de la USACH, 2013, p. 39.

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2 pensamientos en “¿Por qué ex pentecostales llegan a una Iglesia Presbiteriana como la nuestra?

  1. muy interesante su comentario, ejemplifica a un ex pentecostal que ingresa a la iglesia presbiteriana, entre las cuales me encuentro, las razones que ud. enumera son muy ciertas…bendiciones hermano.

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  2. Hola a todos. me gustó mucho el comentario de Luis. Yo vengo de la Iglesia Luterana de Chile y por razones éticas me hice presbiteriano de la IPNA (los luteranos se volvieron demasiado liberales, al menos para mi concepción del cristianismo.)

    Conozco los puntos que se exponen aquí pues conozco a los pentecostales desde fuera y desde dentro un poco: por amigos, familiares, etc. Y puedo dar fe que la falta de predicación del evangelio es un problema de las iglesias llamadas a sí mismas evangélicas, pero también en general de la mayoría las iglesias cristianas. Y es el norte que han perdido las congregaciones que dicen ser reformistas.

    Uno de los puntos es la tiranía, esta es propia del hombre, no de una iglesia. Esto se alimenta por darle mucho poder a los pastores: muchas iglesias no tienen corporación, ni directorio (o consistorio). Mucha gente viene de círculos de la ignorancia y los líderes terminan cometiendo los mismos abusos que los protestantes recriminamos de los antiguos católicos.

    La falta de confesionalidad es algo que la iglesia luterana perdió hace bastante tiempo. Ellos solo conservan ciertos símbolos, como la confesión de Ausburgo… pero en la práctica nadie habla de ello. Esto da fácil entrada a interpretaciones antojadizas de temas éticos actuales. Lamentablemente estos temas éticos no eran motivo de discusión en tiempos de la Reforma como el aborto, el matrimonio homosexual, temas bioéticos, etc. entonces quedó un gran «vacío legal» por así llamarlo.

    Di_s no solo dejó la Biblia sola para quien quiera la lea. Él levantó ministros que puedan dar respuestas a los jóvenes y a los adultos. ¡LOS PASTORES DEBEN APACENTAR A LAS OVEJAS, ES SU DEBER!

    A mí me da risa cuando los pastores evangélicos hacen la diferencia entre prédica y estudio, es como si dijeran: «Ahora predicaremos, hablaremos fuerte, claro y sin pensar mucho, pues como Uds. saben somos guiados por el Señor. Después, en el estudio veremos más detalladamente la voluntad divina». ¿mmm? Los reformistas antiguos nunca hicieron esa diferencia, los temas se preparaban cuidadosamente, con oración y sabiduría. Y es allí donde no se pueden dejar de lado el evangelio, la búsqueda del conocimientos de la voluntad divina, el cristocentrismo ni la buena doctrina en general.

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