De ídolos allende los Andes.

El período de doce años del kirchnerismo terminó. La analogía del ídolo de pies de barro bien cabe acá, pues cuando lo que se construye es sólo retórica, ésta, por más sólida que parezca, termina desvaneciéndose. El último período de Cristina Fernández careció de proyecto, porque careció de lectura consistente de la realidad, tanto, que ésta terminó chocando ayer, matando el “54%” basal.

Por otro lado, el peronismo está sustentado en el mito del general y de Evita, que como todos los santos laicos aguanta todos los discursos habidos y por haber, tanto que quienes lo enuncian son mayoría en el congreso. El Perón histórico es muy distinto al del justicialismo, tanto al de izquierda como al de derecha.

Ahora bien, otra cosa es no recordar: no recordar la equivalencia del peso-dólar de Menem-Cavallo, el corralito, el 25% de cesantía del 2001, el pauperismo masificado, el “que se vayan todos” a De la Rúa y a los siguientes en un par de semanas. Él kirchnerismo, sobre todo el de Néstor, volvió a la estabilidad a un país al que inescrupulosos hicieron decaer. Y, por supuesto, el rescate de la memoria reciente, poniendo sólidas cortapisas respecto al discurso sobre la dictadura, es tremendamente valorable, sobre todo para quienes vivimos en un país con cárceles especiales y homenajes a quienes participaron del régimen de facto. Respecto a eso, es que consideraba mi mayor cercanía con la opción de Scioli. Por la historia reciente y el rescate memorial.

Pero eso no es suficiente. Tanto, que el candidato levantado desde la política analfabeta del marketing, Macri, gana, prometiendo cambios y (nuevas) formas de gobierno, que no llegarán a realizarse, por la difícil correlación de fuerzas, con un congreso adverso y con un gabinete amplísimo de una coalición “anti” y no “pro”, sin mencionar la tradición de gobiernos no justicialistas que no concluyen su período (la larga duración que persigue a nuestros vecinos). Macri y su elección no es otra cosa que la reacción al gobierno de los “revolucionarios” que, parafraseando a Vasili Grossman, alardearon más e hicieron menos. Es decir, levantaron un nuevo (viejo) ídolo con pies de barro. Lo trágico, es que los vencedores de hoy, como reacción, han comenzado a moldear el suyo propio, el dios falso del cambio.

Nada hace augurar buenos aires, lamentablemente.

Luis Pino Moyano.

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